Reforma energética, daño ambiental y control obrero

Por Jimena Vergara

Entre las vastas extensiones de tierras y las maravillas de la tecnología, que además de la tierra conquistó los cielos para el hombre, la burguesía logró convertir nuestro planeta en una sucia prisión.

León Trotsky

Uno de los aspectos más filosos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es aquel que, sancionado en el capítulo decimoprimero, establece un régimen económico que favorece la inversión extranjera, lo cual palabras más, palabras menos, ha devenido en la precarización generalizada de la mano de obra mexicana y la privatización de la industria estatal. Desde su entrada en vigor en 1994 a la fecha, la economía nacional ha seguido un curso de integración en términos de subordinación a la economía norteamericana. La iniciativa de Reforma Energética presentada por EPN ante el Congreso, es una de las tuercas fundamentales de la maquinaria echada a andar por Miguel de la Madrid y luego Salinas de Gortari que conocemos coloquialmente como “neoliberalismo”, que pretende fortalecer una planta productiva dependiente y adicta del capital extranjero por un lado, y entregar la llamada “industria estratégica” a las grandes trasnacionales extranjeras por el otro. El objetivo de los grandes pulpos petroleros como la Royal Dutch, la Shell, Exxon Mobile y la British Petroleum (y en menor medida la española Repsol), es extraer ganancias del usufructo del petróleo en aguas profundas, los llamados pozos transfronterizos y la extracción y comercialización de hidrocarburos no convencionales.

La defensa del petróleo se hace imperativa en lo inmediato para evitar que la renta petrolera vaya a aumentar aún más las arcas de los grandes capitalistas extranjeros mientras los trabajadores y el pueblo pobre vemos como nuestro salario se licúa con la inflación y los tarifazos a la gasolina, los servicios y el transporte. Pero a largo plazo, la entrega de los hidrocarburos que pretende imponer el “Pacto por México” y su usufructo en manos de las grandes trasnacionales – que por todas las vías intentan saciar su sed de ganancias-, echa luz sobre los mecanismos de explotación capitalistas que ponen en cuestión la preservación de todo el ecosistema terráqueo. En estas líneas, nos referiremos a dos de los aspectos más nocivos de la explotación de hidrocarburos en su dimensión ecológica.

El Shale Gas

Para muchos apologistas del capitalismo, la utilización del gas de esquisto, cuya explotación se concesiona al capital privado en la nueva reforma de EPN, es una verdadera revolución. El Shale Gas, aunque similar al gas natural, se extrae de arenas bituminosas ubicadas en la roca sedimentaria y su utilización está en ascenso en Estados Unidos y Canadá, producto del abaratamiento de los costos para su extracción, originado por la innovación tecnológica.

Como muchos activistas ecologistas, investigadores y comunidades afectadas han denunciado, su extracción genera grandes cantidades de metano que son liberadas a la atmósfera. Según Robert Howarth[i], de la Universidad Cornell:

La producción de gas de esquisto genera entre 40 y 60 veces más emisiones de gases de efecto invernadero que el convencional. A corto plazo también deja una huella de gas invernadero mayor que el petróleo o el carbón. [ii]

El problema radica en que el mecanismo de perforación que se utiliza para su extracción es el de Fractura Hidráulica, que filtra gran cantidad de gases de efecto invernadero, contrario a lo que argumentan las compañías de hidrocarburos que están haciendo creer al público que el gas de esquisto sería el principio de una era energética sin emisiones cualitativas de dióxido de carbono. Como plantea un análisis:

Los argumentos se basan sobre el hecho de que el gas natural (principalmente metano) tiene la mitad de CO2 que el carbón, y cuando se quema para generar energía eléctrica es mucho más eficiente que este. Pero esos beneficios quedan más que opacados por las filtraciones de metano tanto en el pozo, en el proceso de fractura, como en la entrega del gas y enviarlo al sistema de distribución.

Hidraulica

Ilustración tomada de http://www.rankia.com/blog/materias-primas/1591948-revolucion-shale-gas

Según el propio Howarth y sus colegas, entre el 4% y el 8% de las filtraciones derivadas de la Fractura Hidráulica son mucho más nocivas al ambiente que la quema de petróleo o carbón. Simplemente el metano, en comparación con el dióxido de carbono, tiene un potencial exponencialmente más alto de recalentamiento atmosférico durante los primeros 20 años después de ser emitido. Como planteó Howarth en una entrevista el año pasado:

Nuestra principal preocupación es que las emisiones de metano de las próximas dos décadas harán que el sistema climático entero traspase un gran punto crítico.

El método de Fractura Hidráulica, implica perforar verticalmente hasta 3000 metros en la roca y luego supone cavar de forma horizontal unos mil metros más. Una vez hecha la perforación, se introducen químicos y grandes cantidades de agua a alta presión. Así se libera el gas. Con las nuevas tecnologías la Fractura Hidráulica puede ser ejecutada en depósitos cada vez más profundos y alcanzar concentraciones de gas muy dispersas.

Sin embargo, desde los noventas para acá, muchas han sido las voces de alarma que alertan contra este mecanismo, no solo por la liberación de gases de efecto invernadero. De hecho, durante el 2011, el gobierno de Ohio tuvo que suspender el método producto de que varios sismos estuvieron asociados a la manipulación del registro geológico.

Y es que el mecanismo, requiere inyectar por lo menos 10 millones de litros de agua y un porcentaje mucho mayor de químicos, ocasionando un excedente residual inutilizable por su alto contenido tóxico. Si bien existen estudios sobre el impacto ambiental de la Fractura Hidráulica en general y la extracción de gas de esquisto en particular como el del antes citado R. Howarth, las investigaciones independientes escasean y las compañías de hidrocarburos vienen ganando la partida, ahora con importantes intereses puestos sobre México de aprobarse la reforma.

La contaminación por petróleo

Como se ha comprobado desde hace años, la explotación de hidrocarburos produce serias afectaciones al medio ambiente, en particular al agua. En las últimas décadas, las catástrofes ambientales más radicales tienen que ver – además de las asociadas a la energía nuclear- con los derrames petroleros. Los efectos inmediatos son muy visibles: los derrames dejan una película impermeable sobre el mar que afecta la flora y la fauna marítima- además de a las aves- rápida y fulminantemente; esta película además, impide que se lleve a cabo el proceso de fotosíntesis e interrumpe la labor que al respecto realiza el fitoplancton.  Como plantea un análisis:

La contaminación por petróleo crudo o por petróleo refinado (combustóleo, gasolina y otros productos obtenidos por destilación fraccionada y procesamiento químico del petróleo crudo) es generada accidental o deliberadamente desde diferentes fuentes. Algunos investigadores consideran que la contaminación por petróleo proviene de los accidentes de los buque-tanques y de las fugas en los equipos de perforación marina. Sin embargo, otros consideran que es cuestión de propaganda, ya que casi 50 por ciento del petróleo que llega a los mares y los océanos proviene de tierra firme, del que es arrojado al suelo por las personas en las ciudades y en zonas industriales que luego son arrastrados por las corrientes fluviales hasta terminar en los océanos.[iii]

Pero aún sin “accidentes” que produzcan derrames imprevistos, la explotación petrolera derrama “normalmente” cerca de la mitad del área de perforación además de que el bombeo involucrado en el proceso, implica una pérdida de agua sustancial.

Las responsables directas de la contaminación de los mares son las grandes compañías petroleras, a las cuales hoy, el gobierno de EPN les pretende entregar la explotación del llamado oro negro. Basta recordar la catástrofe ambiental del Exxon Valdez, un buque petrolero de la Exxon Mobile que en 1989, vertió 37 mil toneladas de crudo en Alaska.

Otra de las favorecidas en la nueva reforma energética es la Britsh Petroleum. La compañía inglesa petrolera más poderosa del planeta (que cuenta con gran cantidad de accionistas norteamericanos) y que tiene un negro expediente, no solo por devastación ambiental, sino por haber promovido la intervención de la CIA en Irán para deponer al presidente electo Mohammad Mosaddeq en la década de los 50´s. Pero para no irnos más lejos, el más reciente derrame en el Golfo de México apenas en el 2010, fue justamente en Macondo, uno de los pozos de la trasnacional británica, que generará consecuencias insospechadas durante décadas. Como plantea un análisis:

La mayoría de los ecosistemas marinos expuestos a grandes cantidades de petróleo crudo requieren unos tres años para su recuperación. Sin embargo, los ecosistemas marinos contaminados por petróleo refinado, en especial en los estuarios, requieren de 10 años o más para su recuperación. El derrame de petróleo causado en 1969 por la embarcación Barge Florida en Cabo Cod, todavía 20 años después se encontraron trazas de petróleo en los sedimentos marinos y en tejidos de algunos animales marinos. Los efectos de los derrames de petróleo en aguas frías causan daños durante más tiempo como se mostró con la sonda del Príncipe Guillermo, en aguas antárticas de Alaska.[iv]

Derrame

 

Una política tecnológica al servicio de los trabajadores, el pueblo pobre y no de los capitalistas

Solo esbozando apenas algunos de los problemas ambientales que genera la explotación de hidrocarburos en manos de los capitalistas, podemos dar cuenta de las graves consecuencias de la Reforma Energética en curso. En tanto los medios de producción y el usufructo de los hidrocarburos estén bajo el mando de los grandes capitalistas, seguiremos avanzando inexorablemente hacia la devastación ambiental. En tanto la ciencia y la tecnología, estén al servicio de la ganancia y no de las grandes necesidades sociales, no habrá innovación tecnocientífica que permita detener la degradación ecológica a la que el capitalismo nos ha orillado.

Solo es posible vislumbrar un desarrollo tecnológico armónico con nuestro entorno y consecuente con las necesidades de las grandes mayorías en una perspectiva anticapitalista, socialista y revolucionaria. Si los empresarios nativos y extranjeros y sus fieles administradores del “Pacto por México” tienen una “política tecnológica” acorde a sus intereses, es fundamental que la clase obrera y sus aliados despleguemos una política tecnológica alternativa. Por ello, para que en un futuro podamos invertir en energías renovables y ecológicas, es fundamental que la lucha contra la privatización del petróleo y los hidrocarburos se proponga poner estos recursos bajo la tutela de los trabajadores que son los protagonistas, agentes y creadores de los sistemas técnicos contemporáneos que mueven los resortes fundamentales de la economía global.

El control obrero de la producción, permitiría que, en principio, la renta petrolera se utilizara para escuelas, educación, espacios recreativos, vivienda y la satisfacción de las necesidades y derechos de los cuales los explotados y oprimidos estamos siendo despojados. Pero además, la renacionalización de la industria estratégica y el control obrero que implica, a decir Ernest Mandel “el movimiento de ideas, acciones y prácticas que ponen en marcha los trabajadores cuando, al asirse del control de las empresas, se hacen de la rectoría del proceso de producción”[v], permitiría invertir en investigación para salvaguardar nuestro ecosistema, conquistar una tecnología libertada y avanzar hacia una relación armónica con la naturaleza, opuesta por el vértice a la explotación y la barbarie que la azota bajo el capitalismo; este horizonte solo es realizable a partir de la liquidación de este sistema basado en la propiedad privada, en la perspectiva de una sociedad comunista.


[i]               Robert Howarth es profesor de la Cornell University y miembro del Departament of Echology and Evolutionary Biology.

[ii]              Robert Howarth: “Venting and Leaking of Methane from Shale Gas Development” (Ventilación y filtración de metano por el desarrollo de gas de esquisto) en Climatic Change, 2011.

[iii]              Consultado en http://www.jornada.unam.mx/2010/08/02/eco-k.html el 25 de diciembre de 2013.

[iv]              Ídem.

[v]               Mandel, E: Control obrero, consejos obreros, autogestión, Editorial Era, México, 1970.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s