Apuntes para una concepción integral de las capacidades cognitivas humanas*

[…] de qué manera están vinculadas nuestra conciencia y nuestra existencia viva y real. Si no se comprende este nexo, la consciencia aparece inevitablemente como un epifenómeno […] con lo que la absoluta imposibilidad de encontrar un nexo racional entre las pasiones del alma y la vida real del hombre está decidida de antemano.

Lev Vygotzki

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Desde la década de los noventas las neurociencias comenzaron a ganar terreno estimuladas con las nuevas tecnologías para mapear la actividad neuronal, los procesos sinápticos y la actividad eléctrica en el cerebro. El boom neurocientífico parece no tener freno al amparo de los intereses de la industria farmacéutica trasnacional, las compañías aseguradoras y el proceso de privatización de la salud pública que se sucedió en las metrópolis imperialistas en las décadas subsecuentes. No es casual que el presidente norteamericano prometiera ante los grandes capitalistas que el proyecto BRAIN generará ganancias millonarias ya que “cada dólar invertido en el Proyecto del Genoma Humano ha rendido 140 dólares en beneficios económicos”. Para los imperialistas, lo atractivo del proyecto no está en las posibilidades de curar el Alzheimer, sino en las jugosas ganancias que han hecho a partir de monopolizar los descubrimientos en tecnociencia.

En este artículo, abordamos algunas de las premisas filosóficas que están detrás del paradigma neurocientífico dominante, en particular discutiendo contra el reduccionismo. Sostenemos que solo una interpretación anclada en un materialismo dialéctico no reduccionista de la mente humana propuesta por ejemplo por Lev Vigotsky a inicios del siglo XX (antes del encumbramiento del stalinismo en la Unión Soviética), puede dar cuenta de la complejidad de nuestras capacidades cognitivas.

De la separación mente- cuerpo al reduccionismo

Los descubrimientos en neurobiología durante la segunda mitad del siglo XX le dieron a la concepción materialista de la mente nuevos bríos. Se abría la posibilidad de romper con la separación ontológica que primaba en la teoría del conocimiento entre lo físico y lo mental. El origen biológico de nuestras capacidades cognitivas fortalecía las doctrinas materialistas de la mente que durante los años 60´s y 70´s defendieron filósofos como John Smart o Herbert Feigl. De tal suerte que la agenda de las ciencias naturales, debía establecer las bases materiales del espíritu.

Si bien estos planteamientos jugaron un rol progresivo para socavar las concepciones idealistas de la mente, su empalme con el boom neurocientífico devino en el reduccionismo. Como sostenía el neurocientífico Michael Gazzaniga: “El hecho es que, tú eres tu cerebro”. Así como se trata de explicar el comportamiento humano como el correlato de genes en acción, las neurociencias comenzaron a recrear hipótesis que le confieren al racismo, los celos, las posiciones políticas o la violencia un sustrato únicamente neuronal. Como plantea Steven Rose:

La mente, la conciencia y el libre albedrío colapsaron; son simples epifenómenos de procesos cerebrales que se presentan como “ilusiones útiles”. Más aún, el entronamiento de las neurociencias estaría iluminando y transformando otros estudios sociales y culturales que antes tenían aproximaciones independientes. [1]

Si bien es pertinente defender una concepción materialista de la mente, es preciso contrarrestar el reduccionismo imperante, que pretende explicar el comportamiento como un epifenómeno de su sustrato material.

El reduccionismo en neurociencias

Como dijimos antes, en general, la tesis de la separación mente- cuerpo fue contrarrestada por un materialismo reduccionista que abrevó en la tradición del fisicalismo de principios del siglo pasado. Daniel C. Dennet sostenía:

La sabiduría dominante, que se expresa de diferentes formas, es el materialismo: sólo existe una clase de sustancia de la que están hechas las cosas, a saber, la materia, la sustancia física de la física, la química y la fisiología, y el espíritu no es en cierto modo más que un fenómeno físico. En resumen el espíritu es el cerebro.[2]

La utilización de la Resonancia Magnética Funcional para obtener imágenes cerebrales abrió todo un nuevo campo de investigación. La consecuencia fue llevar al extremo la idea de la identidad entre mente y cerebro. La aplicación extrema de esta premisa, puede verse en los dichos (y prácticas) de las nuevas disciplinas híbridas como la neurojurisprudencia donde, sus apologistas e impulsores, sostendrían que un comportamiento criminal proviene de la excitación o inhibición de ciertas regiones cerebrales.

El programa del reduccionismo entonces, es esperar a que los avances en neurociencias lleguen a tal punto, que todo nuestro comportamiento pueda ser explicado, descrito, prevenido o modificado a través del conocimiento absoluto de los procesos que yacen en el cerebro. A nivel endógeno, reducen a tal punto las capacidades cognitivas que cada vez se habla más del cerebro y menos del sistema nervioso central y periférico y a nivel exógeno, se invisibiliza el contexto social de los individuos y por supuesto, el contexto histórico de las sociedades.

El emergentismo como contratendencia

En la tradición anglosajona, un sector de filósofos y científicos ha intentando contrarrestar al reduccionismo neurocientífico. Para muchos de estos teóricos, las neurociencias no pueden subsumir a las disciplinas que se encargan del estudio de la mente como la psicología, ya que, si bien todo comportamiento humano puede ser susceptible de una explicación neurobiológica, hay pautas conductuales que preservan cierta autonomía. Los emergentistas sostienen que las capacidades superiores de la mente no pueden ser explicadas únicamente por los procesos físicos que se libran en el cerebro ya que, a pesar de estar articuladas por los mismos, están dispuestas en “agregados complejos”:

Los estados mentales son el fruto de una organización material particular, que produce propiedades específicas, irreductibles a las partículas que componen el cerebro y su fisiología. No es el nivel inferior donde puede descubrirse la razón de la complejidad del nivel superior.[3]

Robert Van Gulick por ejemplo sostiene que esto es así en el caso de la mente debido a la “singularidad de sus determinaciones”. Es decir que es necesario discriminar entre las determinaciones de bajo nivel (que en el plano biológico explican el origen del pensamiento) y las específicas a la mente que explican su nivel de complejidad.

La crítica del emergentismo al reduccionismo abona positivamente al planteamiento de que la mente es más que un entramado de neuronas que se prenden y se apagan. Pero desde nuestro punto de vista, se queda ahí.

La dialéctica materialista

En los 80´s, aparecieron dos publicaciones que defendían la dialéctica materialista. Se trató de No está en los genes de Steven Rose, Richard Lewontin y León Kamin y de El biólogo dialéctico de Richard Levins y Richard Lewontin. Fueron intentos exitosos por contrarrestar el determinismo biológico y la confianza desbordada en la biología molecular. En El biólogo dialéctico definían a la dialéctica materialista en cuatro proposiciones:

–       Las partes de un todo no tienen una existencia previa independiente al todo como partes.

–       Las propiedades de las partes, son el fruto de su existencia en el todo.

–       Las partes y el todo tienen están interpenetrados.

–       Toda entidad es heterogénea e inestable, proclive al cambio.   Su constitución al mismo tiempo genera las condiciones de posibilidad de su auto negación.

En biología evolutiva, estas premisas permitieron concebir al organismo como un todo e integrar a la teoría evolutiva otras dimensiones del proceso viviente, como la ontogenia. Desmarcarse del programa adaptacionista, inconsistente con una teoría materialista de la evolución biológica y proponer que, una característica que resulta adaptativa bajo ciertas presiones ambientales puede ser posteriormente integrada como una adaptación para nuevas funciones. Es decir que el proceso evolutivo esta permeado por la incorporación súbita y no necesariamente gradual de características e incluso funciones complejas que constituyen novedades adaptativas. Y proponer que en la evolución encontramos cambios cualitativos, como puede ser la emergencia de nuevas especies. Que aquellos organismos que permanecen en el mundo natural por un tiempo determinado, son proclives al cambio. Que los sistemas biológicos aparentemente estables, pueden ver destruidas las condiciones que permiten su surgimiento y establecer las condiciones de posibilidad de nuevos sistemas.

Esto, aplicado a las neurociencias supondría que la mente es más que la suma de sus neuronas y el resultado de un proceso en el que interactúan por lo menos dos dimensiones: la filogenética y la ontogenética[4].

En el caso de la mente humana, el desarrollo biológico de nuestra especie – el proceso de hominización-, devino en “formas materiales que lo sobrepasan”. Como plantea Pascal Charbonnat:

La sociedad, la economía y la política son las últimas producciones de la historia general de la materia, y como todas las demás sólo han llegado a existir cambiando profundamente el estado anterior. La teoría unificada del espíritu- cerebro sólo será real a partir del momento en que también ella haya integrado la dimensión socio- histórica consustancial a la humanidad.[5]

Este programa de investigación integral esbozado por Charbonnat, fue explorado ya en el pasado por el psicólogo ruso Lev Vygotski, quien elaboraría la mayor parte de su obra a instancias del Estado revolucionario ruso antes de su estalinización.

La dimensión histórica de las capacidades cognitivas en Lev Vigotzki

Lev Vygotzki legó a la teoría de la mente un programa de investigación que supone historizar el desarrollo de lo que él mismo llamaría las Funciones Psíquicas Superiores[6]. Con un planteamiento profundamente dialéctico, elabora una concepción totalizante de la psique humana que contrasta con los presupuestos de la psicología de su época:

Al igual que el organismo fraccionado en sus elementos revela su composición pero ya no pone de manifiesto sus propiedades y leyes orgánicamente específicas, también esas formaciones psíquicas complejas e íntegras perdían su cualidad fundamental: dejaban de ser ellas mismas cuando se las reducía a procesos más elementales.[7]

Para el psicólogo ruso, habría tres vías de desarrollo de las FPS. La biológica, explicada en la teoría evolutiva elaborada por Charles Darwin; la histórica- cultural, sintetizada por el materialismo histórico desarrollado por Karl Marx y Friedrich Engeles y la Ontogenética, que refiere al desarrollo de cada individuo. Estas tres vías de desarrollo son convergentes y establecen una unidad constitutiva de las FPS.

Bajo esta concepción, el desarrollo del cerebro estaría dado por la relación dialéctica entre su sustrato biológico material y la estimulación cultural que se da en el contexto social. Dicha estimulación no solo sería relevante en la ontogenia del individuo sino también a nivel evolutivo, articulando el proceso de hominización y de humanización.

Este programa de investigación, aquí a penas esbozado, nutre hoy las teorías contemporáneas de los psicólogos evolucionistas y es aún un río por beber en la investigación sobre la mente. Vygotzki propone una alternativa teórica y metodológica para construir una explicación materialista no reduccionista de la mente humana, amparada en la dialéctica. Rebasa por mucho los regresivos planteamientos del reduccionismo dominante. Su legado forma parte de la evidencia histórica que demuestra la potencialidad del marxismo, apartado de la escandalosa vulgarización que hiciera del mismo la burocracia estalinista.

Referencias Bibliográficas

Rose, S., Lewontin, R.C., Kamín, L.: No está en los genes (2009), Editorial Crítica, España.

Levins, R., Lewontin, R. : The dialectical biologist (1985), Cambridge, Harvard UP.

Charbonnat, P.: Historia de las filosofías materialistas (2007), Biblioteca Buridán, España.

Notas:

* El presente artículo fue publicado en Ideas de Izquierda No. 7 como parte del Dossier titulado ” El paradigma neurocientífico. De determinismos y reduccionismos recreados”.

[1] Tomado de http://www.timeshighereducation.co.uk/features/feature-beware-brain-based-learning/2009703.fullarticle el 17 de febrero del 2014.

[2] Dennet, La peligrosa idea de Darwin (1995), p.50.

[3] Charbonnat, P., Historia de las filosofías materialistas (2007), p. 557, Biblioteca Buridán, España.

[4]  La ontogenética se refiere a la dimensión que está signada por las restricciones y potencialidades de su desarrollo. En este caso específico del desarrollo del cerebro y del sistema nervioso central y periférico.  La filogenética  sintetiza los procesos, contingencias y azares de su historia evolutiva.

[5] Charbonnat, P., Historia de las filosofías materialistas (2007), p. 559, Biblioteca Buridán, España.

[6] FPS a partir de ahora

[7] Vygotzky, L.S., “Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores”  (1931/2007) en Obras Escogidas, Tomo III, Comisión editorial para la edición en lengua rusa, consultado en http://www.colegiodepsicologosperu.org/w/imagenes/biblioteca/archivos/Vygotsky-Obras-Escogidas-TOMO-3.pdf

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