México: descomposición estatal y recolonización imperialista*

 

bandera-de-méxico-y-estados-unidos

El masivo movimiento de protesta que desde hace semanas inunda las calles del Distrito Federal y las principales capitales del país por la presentación con vida de los 43 normalistas, lejos de mermar, se ha multiplicado.

Si bien el grito de guerra de las primeras movilizaciones fue “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, en la multitudinaria marcha del 20N, acompañada del paro en más de una centena de instituciones educativas y en Teléfonos de México, los convocados gritaron al unísono “¡Fue el Estado!” y “¡Fuera Peña!”. La imagen de un muñeco del presidente de México incendiándose en medio del zócalo capitalino rodeado por una multitud furibunda que aplaudía, recorrió el mundo a través de la prensa internacional y las redes sociales. Detrás del asesinato y desaparición forzada de los normalistas, está el desgarramiento de las contradicciones profundas del capitalismo semicolonial mexicano.

México “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”

El 1 de enero de 1994, entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), al mismo tiempo que la rebelión zapatista estallaba en el sur del país al grito de “¡Muera el mal gobierno!”. Si bien la lucha indígena y campesina encabezada por el EZLN y abrazada por cientos de miles en todo el país abrieron la posibilidad de quebrar el dominio del priato desde abajo, esta oportunidad fue abortada y se profundizó el ciclo de recolonización del país, cuyo correlato político fue la llamada “transición democrática”.

Dicho ciclo estableció un desarrollo desigual y combinado muy particular, ya que México comparte 3.200 kilómetros de frontera con Estados Unidos. De tal suerte que, el proyecto de integración en términos de subordinación de México a Estados Unidos presenta características donde la presión y penetración imperialista se dan de manera extrema.

Estamos hablando de un corredor fronterizo que se retroalimenta en dos direcciones: México exporta mano de obra, materias primas y estupefacientes a la potencia del norte, mientras Estados Unidos exporta una cantidad masiva de capitales que oxigenan el corredor maquilador, la industria minera, petrolera, el turismo, los clusters, los agrobussines y las industrias turísticas legales e ilegales como la trata, el tráfico de órganos y la prostitución. Este ciclo de intercambio y flujo de personas, mercancías y capitales, le da a los sectores económicos ilegales características particulares y ha incentivado la disputa por el control territorial y comercial de los diversos nichos económicos que se reproducen en los “márgenes” del Estado pero, al mismo tiempo, en asociación con distintos niveles del mismo.

Esta disputa ha devenido en fenómenos monstruosos como el feminicidio, la trata y en el hecho de que el llamado crimen organizado actúe también mediante grupos de choque o paramilitares contra las clases desposeídas y en particular sectores opositores, como se demostró en el secuestro y asesinato de casi una centena de migrantes en Tamaulipas que fueron torturado y ejecutados por el narco. O más recientemente en contra de luchadores sociales, como en el caso de los normalistas asesinados y desaparecidos con la colusión del narco y la policía local.

Como plantea la revista Proceso en su edición de la segunda semana de octubre, en varios estados “se ha formado esta nueva figura del cogobierno entre el grupo político predominante y los grupos del crimen organizado, que han entrado en un proceso de simbiosis para erguirse como un solo cuerpo que todo lo domina y todo lo controla dentro del propio sistema de instituciones legislativas, ejecutivas y judiciales. Si en el caso de Michoacán se descubrió que los Caballeros Templarios habían llevado al poder al priista Fausto Vallejo, invirtiendo en su campaña e inhibiendo el voto a la oposición, en Guerrero el caso del perredista Ángel Aguirre Rivero no es tan diferente con sus vínculos con los grupos del crimen organizado del Estado, como Guerreros Unidos o el cártel de Acapulco, donde aparecen algunos de sus familiares”1.

En esta simbiosis, yacen las claves de la definición que compartimos con varios analistas de que estamos ante una verdadera descomposición de la estructura estatal. Esto implica que: “En esta nueva entidad en la que cohabitan políticos y jefes de los cárteles, el grupo criminal impone su ley mediante el terror, amenazas, ejecuciones o desapariciones de todos aquellos que les estorban. Su control es absoluto y pasa por encima de los derechos humanos, de los medios de comunicación y de los movimientos sociales cuyos líderes son perseguidos y sojuzgados por la fuerza de las armas”2.

El rol de distribuidores privilegiados de cocaína, anfetaminas y marihuana a Estados Unidos, le ha conferido un poder desorbitado a los cárteles mexicanos que, como dicen muchos analistas, son grandes corporaciones capitalistas de carácter global que actúan en varios países. En última instancia el mercado de estupefacientes y otras industrias ilegales, generan una cantidad masiva de capital, de manera expedita, que después es puesta en circulación mediante el “lavado de dinero” y la inversión en negocios de carácter legal.

El “proyecto de nación” defendido por Enrique Peña Nieto (EPN) en sus últimas alocuciones públicas se basa en la utilización de la estructura estatal para garantizar la subordinación económica al imperialismo, la reproducción del capital ilegal del narco y reprimir y contrarrestar el descontento social con métodos brutales.

El sustento económico de dicho proyecto llevó al gran acuerdo en las alturas llamado “Pacto por México” que aprobó las reformas estructurales, en particular la energética, concesionando el petróleo y los hidrocarburos no convencionales a las trasnacionales norteamericanas. La eficacia con la cual EPN logró disciplinar a todas las fuerzas políticas y hacer pasar las reformas, lo postuló como el nuevo “modernizador” de América Latina, mientras escondía “debajo de la cama” la cuestión de la seguridad que dejó abierta y como foco rojo el gobierno de Calderón. Dicho proyecto plantea varias contradicciones al capitalismo semicolonial mexicano que, por un lado, durante los 20 años de TLC se transformó en un gran exportador de manufacturas para la cadena de ensamblaje norteamericana, y por otro, mantiene el crecimiento del PIB promedio más bajo de América Latina.

Esto se debe a que, en la economía mexicana, coexisten las dinámicas ramas productivas ligadas a las trasnacionales y al mercado norteamericano que lograron en los años previos configurar a México como el “Tigre Azteca”, según lo denominó el Financial Times, con aquellas subsidiadas de bajísima productividad, basadas en las pequeñas empresas ensambladoras.

En última instancia, el programa de EPN se basa en la captación preponderante de inversión extranjera directa, atrayendo al capital a partir de una fuerza laboral de bajísimo costo (inclusive en comparación a los niveles salariales chinos) y la proximidad con Estados Unidos.

La base social del régimen de la alternancia

Las consecuencias de 20 años de Tratado de Libre Comercio no solo se expresan en los fenómenos de barbarie a los que nos referimos antes, sino también en la existencia de una base social del PRI y del “proyecto de nación” del Pacto por México, el cual sancionó en menos de dos años el conjunto de las reformas estructurales.

Esta base social, en las décadas previas, se alimenta del “derrame” de altos salarios industriales en los clusters, que benefician fundamentalmente a ingenieros y tecnólogos, junto a los sectores acomodados de las clases medias que motorizan el consumo en México, favorecidos por el proyecto recolonizador. Según el Instituto Nacional del Emprendedor que depende de la Secretaría de Economía, este sector “ha tenido en México el mayor crecimiento de la región desde 2000 y atender sus necesidades ofrece grandes oportunidades de negocios. En la década pasada, la clase media en Latinoamérica creció 50 % y México registró el mayor aumento en términos cuantitativos”. Se trata de las llamadas “clases medias globalizadas” cuyos estratos más altos mantienen grandes niveles de consumo y cuyos sectores más bajos se han ido pauperizando paulatinamente, pero son estimulados a comprar mediante los créditos bancarios y otras estrategias de mercado.

Ingresos y necesidades cubiertas

Estos sectores sociales fueron, como decimos, la base del régimen político y en particular de las iniciativas más reaccionarias como el Pacto por México. En las condiciones actuales, la crisis política –que se combina con tendencias a la retracción económica con niveles de crecimiento paupérrimo del PIB– y la emergencia de una oposición en las calles, puede estar empujando a estos sectores a cuestionar la barbarie imperante y exigir la presentación con vida de los 43 normalistas; pero al mismo tiempo son partidarios de la idea de que no hay salida para México si no es en vinculación con Estados Unidos; en última instancia, le exigen al gobierno que ataque la violencia para generar “gobernabilidad” y garantizar el pacto con las clases medias altas que significó el neoliberalismo basado en el consumo.

El proyecto de subordinación a los EE. UU. todavía tiene un importante punto de apoyo y fortaleza en la unidad existente en torno a ello en la gran burguesía mexicana y en los sectores medios altos que se beneficiaron del mismo. Pero junto a ello, amplios sectores de la clase media (intelectuales, profesionistas y sectores pauperizados de las mismas), parte de los cuales ya habían nutrido las movilizaciones anti-Peña Nieto organizadas en torno al #yosoy132, se han sumado al movimiento en oposición al gobierno, lo cual es una expresión clara de la polarización social catalizada por la presente crisis política. Esta efervescencia de un sector de la clase media es la que intenta canalizar López Obrador y el MORENA, con un programa de elecciones anticipadas para sortear la crisis y un proyecto “antineoliberal” que cuestiona los ritmos y profundidad de la entrega.

¡Fue el Estado!

A dos meses del asesinato y desaparición forzada de los normalistas, el movimiento de masas que ha cimbrado al país desde Ciudad Juárez hasta Tapachula, ha sacado importantes lecciones. De la exigencia de aparición con vida de los normalistas, los protagonistas de las protestas comenzaron a denunciar la masacre de Iguala como un crimen de Estado, a romper sus ilusiones en los partidos tradicionales, las instituciones (desde la Suprema Corte de Justicia hasta la Procuraduría General de la República), y a exigir que caiga Peña Nieto.

Ante millones de personas, el proyecto de transición democrática sobre el que se basó el régimen de la alternancia a partir del 2000 (basado en el acuerdo de los tres principales partidos) está en crisis. Más aún, el Partido de la Revolución Democrática, quien actuara como “el partido de la contención” durante los últimos veinticinco años para que el PRI no cayera producto de la movilización revolucionaria de las masas, parece herido de muerte ante el cuestionamiento popular y la reciente renuncia de su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas, que puede ser el principio de un éxodo de grandes proporciones.

Los intentos de EPN y el PRI de cerrar la crisis rápidamente y “lavarse las manos” no han sido fructíferos por el momento. A nivel internacional, Peña deja de ser visto como el garante de la estabilidad en México y comienza a ser cuestionado o “aconsejado” por el stablishment norteamericano que lo alerta de estar dilapidando el capital político ganado en los años previos. En la coyuntura, parece difícil cerrar la crisis abierta y desincentivar la acción del movimiento de masas que ya está preparando la quinta jornada global por Ayotzinapa para este primero de diciembre.

Estamos ante una verdadera crisis estatal que se expresa en el desprestigio de los partidos burgueses tradicionales (evidenciada agudamente en la fractura del PRD), aunado a una crisis de la autoridad estatal cuestionada por el movimiento de masas de los partidos políticos del régimen de la alternancia que garantizaron y evitaron que el priato se demoliera bajo la acción del movimiento de masas.

Por el momento, el ascenso que ha puesto a la defensiva al gobierno –en Guerrero con un contenido más popular que abarca a maestros, pueblos originarios, policías comunitarios, normalistas y campesinos y en el Distrito Federal y el resto del país al movimiento estudiantil y sectores de las clases medias–, todavía tiene el límite de que no ha alentado la salida en escena de los batallones más concentrados de los trabajadores.

El paro telefonista del 20NMX, encabezado por una dirección que en los años previos se ubicó como “oposición dócil” al gobierno, puede ser un indicador de que el terremoto social que cimbra al país, tocará la conciencia de la clase obrera. Junto a esta debilidad, el movimiento todavía no es consciente de que, cuestionar al régimen y a sus instituciones, pasa por cuestionar la ligazón orgánica de la economía nacional a la economía imperialista norteamericana.

¿A dónde va México?

Es difícil saber hasta dónde llegará la crisis nacional en curso. A manera de hipótesis podemos decir que hay diversas alternativas. Una de ellas es una salida a lo Díaz Ordaz3, como plantean algunos analistas, que se ve poco probable por la relación de fuerzas actual y los costos políticos que le podría ocasionar a un gobierno que todavía tiene 4 años de mandato. Otra opción es un escenario más similar al de Argentina 2001, donde el movimiento de masas llegue a protagonizar jornadas revolucionarias que efectivamente hagan realidad la consigna de que caiga EPN, lo cual le generaría a la burguesía el problema de establecer un recambio “presentable” y creíble. Esto estaría vinculado a una profundización de la lucha de clases que acicate la aparición de la clase obrera o de amplios batallones de la misma. Juega en contra de esta variante que si bien la crisis política es muy profunda, todavía estamos lejos del colapso económico que posibilitó que las masas argentinas, inclusive las clases medias, se pasaran a la oposición política del aquel entonces presidente Fernando de la Rúa.

Sin duda, existe la posibilidad de una salida intermedia –por ahora, y al cierre de esta edición, la deriva probable en la medida que faltan madurar y agudizarse las contradicciones de la coyuntura– donde caigan algunas cabezas importantes del gabinete como Murillo Karam o el secretario de Gobernación, con concesiones de parte del gobierno impensables en otro momento, pero no por ello, de fondo. Cualquier opción que implique una profundización de la acción de las masas puede empujar al imperialismo y la burguesía a encontrar una salida radical a la situación, con recambios al más alto nivel.

Juega en contra de que esto se concrete en lo inmediato el retraso del movimiento obrero en México con respecto a otros sectores en la lucha de clases, como el campesinado, los pueblos originarios o el movimiento estudiantil. El Tratado de Libre Comercio y el proyecto de recolonización reconfiguró por completo el mundo del trabajo, atomizó y fragmentó al movimiento obrero mexicano y debilitó enormemente sus organizaciones. En este sentido, los trabajadores mexicanos, que una parte importante de los mismos y en particular del proletariado industrial se concentran en entidades como el Estado de México, la zona del Bajío con sus clusters y sus armadoras automotrices y el norte maquilador, vienen de muy atrás en su conciencia, organización y acción. Además, estamos hablando de una clase obrera atenazada por sus propias direcciones que, integradas por completo al régimen, coadyuvaron al proceso de vaciamiento de los sindicatos y a la proliferación de sindicatos blancos o propatronales.

Es muy significativa y sintomática en ese marco la participación y paro de 24 horas de los telefonistas en el marco de las jornadas del 20NMX. Frente a este escenario, creemos que la única salida para la salida de Peña y la caída del irreformable régimen del PRI, el PAN y el PRD, las trasnacionales y los narcos, es necesario preparar la huelga nacional política para imponerlo, y un gobierno de las organizaciones en lucha que convoque a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Al mismo tiempo, en función de que todavía no está puesto en juego el cuestionamiento de la dependencia y subordinación al imperialismo norteamericano, es fundamental desplegar, en el seno del movimiento, las demandas antiimperialistas que cuestionen el sustento económico y político del “proyecto de nación” de Peña y los de arriba, que plantee la ruptura del TLC y todos los pactos económicos, políticos y de seguridad con Estados Unidos.

Más allá de cómo se cierre la crítica coyuntura nacional, la crisis estatal es de largo aliento. La entrada a escena del movimiento obrero mexicano, que tiene un pie en México y otro en Estados Unidos, adquiere una importancia de primer orden para que las grandes mayorías puedan forjar una salida de fondo y verdaderamente antagónica al capitalismo semicolonial mexicano. Las organizaciones revolucionarias tenemos planteada la tarea de insertarnos en el movimiento obrero, llevando las ideas socialistas a sus propias filas y fusionando al marxismo revolucionario con el poderoso proletariado, condición para que el México bronco y profundo se levante y haga temblar desde sus cimientos y derrote el poder de la burguesía y las transnacionales.

  1. Tomado de “El terror del narcoestado”,Proceso, 08/10/2014.
  2. Ídem.
  3. En referencia al presidente Díaz Ordaz, durante cuyo mandato se llevó a cabo la Masacre de Tlatelolco, la respuesta represiva al amplio movimiento estudiantil de México de 1968 que había ganado las calles.

* Este artículo fue publicado en Ideas de Izquierda No. 16 en diciembre del 2014 http://ideasdeizquierda.org/mexico-descomposicion-estatal-y-recolonizacion-imperialista/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s